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Crónica del viaje a la Media Matatón de Segovia Segovia

Domingo, 21 de marzo de 2010

Eran las 7 de la madrugada cuando el bueno de Ricardo había decidido que era una buena hora para salir... Todos muertos de sueño, pero todos puntuales, los 45 expedicionarios nos acomodábamos en un autobús de Yanguas conducido por un estupendo volantista con nombre de emperador: Tiberio ( el nombrecito dió para que cada uno le llamase como más le apetecía: Toribio, Liberio, Liberto,...). Y pusimos rumbo a la ciudad del acueducto.

Paradita obligada a medio camino para café y pis y a eso de las 11,15 estábamos en Segovia. Nos dirigimos en el mismo autobús a la parte más alta ( ¡luego ya tendríamos ocasión de ver cómo de alta...!) de la ciudad, lo que se conoce como la Nueva Segovia, donde está el Pabellón Perico Delgado ( ¡cómo no!) que era donde daban los dorsales. El contacto que llevábamos por parte de la organización ya nos había dejado los 27 dorsales todos juntitos en una caja y únicamente tuvimos que pasar a recoger la bolsa del corredor que fue muy, pero que muy nutridita ( algunos pensaban que con tanto producto chino no se levanta la economía del país, pero, todo muy completo).

De allí al hotel; como ya habíamos mandado los nombres de los expedicionarios nos dieron las habitaciones pitando y además sin pedirnos carnet ni nada con lo que a la 1 del mediodía todo el mundo estaba ya perfectamente instalado. El hotel muy bien: es el Husa Puerta de Segovia que está a unos dos kilómetros del acueducto pero que para nuestro plan de movernos con el bus estuvo perfecto. Y quedamos a las 13,15 para ir andando, no más de trescientos metros, a comer a la Venta Magullo donde dimos buena cuenta de lo que nos sirvieron sin excedernos mucho porque al día siguiente había que correr y el bicho nos esperaba mañana. Aún nos dió tiempo para una ligera siesta antes de salir con el autobús hasta el pie del acueducto, a las 16,30, que es donde habíamos quedado con nuestra guía para enseñarnos la parte antigua de Segovia. La chica muy amable y explicándose bien, algunos sentándose en los bancos en cuanto los veían y el resto disfrutando de un paseito por lo más interesante de este bonito sitio, dimos una vueltecilla que duró hasta las 19 horas, más o menos. La tarde no estaba nada apetecible, no nos llovió pero hacía un viento tremendo que hizo que todos estuviésemos pensando en cuántas piedras nos tendríamos que poner por bolsillo en la carrera de mañana, dado que además una de las zonas por las que discurría estaba muy abierta a todos los vientos.

Como dicen en las agencias de viajes tarde libre hasta la hora de la cena. Volvió nuestro emperador particular con su cuadriga a buscarnos, y a las 21,30 estábamos todos cenando la mar de formalitos. Ya entonces tuvimos el primer contacto con un negrito keniata que cenaba sólo (se puso hasta las trancas...) y del que hablaré más tarde. Naturalmente, antes de retirarnos (con la tranquilidad de saber que el Madrid había ganado 3-1...) había que hacer la inevitable porra.

Y esto que puede parecer sencillo no lo es en absoluto: los más avezados en el asunto tienen decidido hasta cuál es el procedimiento para elegir el primero que da su pronóstico de tiempo para la carrera de mañana (se pide un número, se cuenta desde... bueno, ¡la locura!). Y pensando en el recorrido que habíamos más o menos intuido y en la ventolera que nos había acompañado la gente fue más bien conservadora a la hora de pronosticar sus marcas ( los que pagaron, todos ellos, lo hicieron rebajando el tiempo que habían puesto). Luego... despedida y cierre. Y a dormir.

Domingo. Creo que todos nada más despertarnos fuimos a la ventana para ver si llovía (el servicio metereológico daba lluvias con una probabilidad muy alta) y si hacía el mismo aire que el día anterior, Nada de ello se dió. El día parecía perfecto para correr ( eso tiene el inconveniente de que hay que buscarse otra excusa si uno no lo hace muy bien...) y el desayuno para los corredores lo habíamos concertado a las 8; naturalmente gran parte de los acompañantes seguían sobando... Y a las 9,15 salimos para la salida. Y volvimos a tener a nuestro negrito despistado, sin saber cómo ir, dónde ir... Total: que lo cogimos en nuestro autobús y lo llevamos a la salida (todo lo que tuvo que pagar fue hacerse unas fotos con el grupo...) Y una vez en la salida Tomás Alba le tuvo que acompañar a por el dorsal, a presentarlo, que si no es por él aún está dando vueltas por allá... vamos, que como finalmente fue el que ganó la carrera con 1:04 nos hemos venido con el convencimiento de que ha sido por nosotros (ja,ja,...).

Ya estábamos en la salida. Fotos del grupo con bandera incluida, y risas que es lo que más hemos hecho. Porque mientras esperábamos el momento de partir los militares ( que están igual que toda la ciudad volcados con la carrera) hacían una demostración de saltos con parapente. Un subteniente no callaba de anunciar que ... en este momento se lanzan al espacio el teniente coronel Martínez, el sargento Montoya, el cabo Jhonson y el soldado Regúlez.... Y al rato volvíamos a oír el nombre de los cuatro afortunados que iban a saltar en ese momento ... ( por cierto, que lo hacían con mucha pericia)... El subteniente un poco pelma pero se vió con un micro y ¡ ay majo! eso es mucho...

Entre risas y música dieron las 10,30 y ... andando. La carrera: dura. Pero dura-dura. Casi se parecía a aquella salida del Club que nos preparó Ricardo por la dehesa de Navarrete que él aseguraba que sólo tenía una cuesta... Lo que no decía es que, en efecto, tenía sólo una que iba desde el principio hasta el final... Pero ahí estuvimos todos dando el do de pecho. Nadie se retiró, nadie sufrió ningún percance ( el Colega se cayó muy cerca de la meta pero sin mayores consecuencias) y desde luego el entorno de la carrera es estupendo: hay muchísima gente animando en los trozos más emblemáticos ( se pasa por debajo del acueducto en la salida, en el kilómetro 8 y en la llegada), hay música puesta por la organización en 5 ó 6 puntos del recorrido, y el avituallamiento del final a base de bebidas varias, bollos preñados, bollitos dulces, caldito caliente,... es el colofón de una estupenda atención al corredor.

Con el autobús al hotel donde nos habían dejado habitaciones para ducharnos. Lo hicimos ligeritos, agasajamos a nuestro negrito adoptivo cuando llegó con un trofeo más grande que él, tomamos una cervecita y... al Hotel Cándido, a por el gorrín. El sitio precioso, los salones muy lujosos, los judiones de La Granja riquísimos y luego... tatachannnnnn... salen los dulzaineros, el Gran Maese Cándido (hijo) con el toisón colgando y unos porteadores llevando los pobres animalicos. Lectura del texto, golpes a los bichos ( que no habían hecho nada...) y ... ¡ un plato menos en la vajilla! . Comimos muy bien, se decidió los que pagaban la porra ( se trataba de los chupitos de fin de comida) y a las 5 de la tarde caminito de casa.

Algunos intentaban dormir nada más subir al autobús pero Rafita empezó a contar algún chistecillo... y se tiró hora y media sin parar, él de contar y nosotros de reírnos.... Cuando se le quedó seca la garganta (porque yo creo que el repertorio no se le había agotado) Osbaldo cogió el relevo, sacó la guitarra y las partituras y otros buen rato dale que te pego...

Total, que a las 9 llegábamos a Logroño sin habernos enterado del viaje. Todo estupendo. Hemos disfrutado de lo lindo y, a la vista de lo bien que lo pasamos, se ha quedado ya en que en otoño se intentará hacer otra salida y desde luego el próximo año, en estas fechas, se intentará ir a Ribadesella a una media, de la que nos han hablado los Arce, que recorre el descenso de las piraguas (pero por tierra, claro). Ya hablaremos.

Bueno queremos agradecer todos a Ricardo que en esta su primera experiencia de organizador ha sacado una Matrícula de Honor. Y a todos los viajeros muchísimas gracias por sus ganas de pasarlo bien, su buen estar y su excelente disposición para todo.

Pepe Martínez Ruano, 25 de marzo de 2010.
Foto de Segovia

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